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PANDEMIA EN AZUL 

Reseña Curatorial

 

Pandemia, es la afectación de una enfermedad infecciosa a todo un pueblo (pan-demos). La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece actualmente que debe alcanzar simultáneamente a varios países; un mismo padecer humano, globalizado. Lo que no han logrado los medios de comunicación, el comercio internacional y los temas en tendencia que cruzan fronteras, lo consiguió un patógeno. Aunó a los habitantes del planeta bajo un mismo estrés, generando entre ellos miedo, compasión y empatía. También, dejó en evidencia la indeterminación de los límites geopolíticos; pues el coronavirus, no los respeta. Entonces, concentramos recursos humanos, materiales y financieros en controlar la pandemia o, al menos, en salir sobrevivientes de ella.


Esta nueva serie de obras de Andrés Ovalle destaca por su enfoque abiertamente ecológico y social. No veremos en esta creación el proclamado aspecto político de la pandemia, el cual ha saturado tanto redes sociales como medios de comunicación y el que nos parece tan irreal como panfletario. Tampoco veremos en PANDEMIA EN AZUL el factor económico de esta situación, que inicialmente se percibió como alarmante, para poco después considerarse una vulnerabilidad más, entre varias de igual o mayor impacto. Distintamente, en estas obras de Ovalle contemplamos al COVID-19 en sus facetas humanizantes: las personas se están enfermando y no sabemos exactamente cómo evitarlo, cómo aminorarlo y cómo mitigar los daños físicos y psíquicos resultantes. 


En PANDEMIA EN AZUL nos vemos representados a la deriva de corrientes oceánicas, así como estuvimos durante el 2020; echados a la suerte de los avances de la ciencia. Durante ese año, nada fue más importante que el éxito de los esfuerzos de la biomédica. Mientras no contáramos con certezas científicas, no podíamos ni siquiera imaginar si llegaría la anhelada primavera. 
Súbitamente, nos encontramos en un mar de dificultades inesperadas, flotando en la misma tempestad,  cada quien desde su singular situación pre existente. Gracias a nuestra condición humana, nos orientan la fe y la esperanza, virtudes imprescindibles que ya “casi” creíamos no necesitar. PANDEMIA EN AZUL ofrece a sus audiencias un recorrido visual que parece estar guiado por estas dos cualidades, que nos aglutinan como individuos a través del color azul, cromatismo de la melancolía por los que parten, cada día, a otra dimensión de la existencia.


Los personajes ilustrados por Ovalle son anónimos, porque somos todos. Las escenas simbólicas aluden a la incertidumbre que se vive en cada país. Sí, hay “más o menos” muertos, y ciertamente, hay “más o menos” contagiados, pero ya estamos hartos de cifras que no tienen posibilidad de ser cercanamente exactas. En cuanto a la enfermedad en sí, ya nos saturamos de información tantas veces cambiante e incluso, contradictoria. Ante esto, solo nos queda seguir a la expectativa. 


No cesamos de aguardar, porque somos humanos. Aunque finjamos que se nos olvida, sí sabemos que esto pasará. Son tiempos muy humanitarios. Son tiempos de PANDEMIA EN AZUL.

 

 

Ximena Jordán


Ciudad de México, febrero 2021

Reflexiones del artista

 

Una cuarentena es un ciclo de 40 días; número que es símbolo de un ciclo de prueba. En el Éxodo, el pueblo hebreo estuvo 40 años en el desierto. Curiosamente, para el periodo del calendario occidental del año 2020, conocido como Semana Santa, la humanidad casi en su totalidad, se paralizó producto del coronavirus.

 

Fue entonces cuando comencé estas pinturas, buscando visualizar esta realidad mundial y el simbolismo que subyace tras las apariencias. Con una profunda inquietud, y de la mano de la creatividad y del arte, me adentré en esta exploración, buscando crear una alteridad para comprender la verdad humana en esta situación, en estos tiempos de post-verdad en que se nos dice que esto no es más que una construcción cultural.

 

Sin embargo, ¿acaso no es la belleza, una verdad en el arte?

 

Hoy en día estos cuestionamientos parecen anticuados, probablemente porque nos conducen a la intrínseca relación entre el arte y lo divino. Al mismo tiempo, nos consta que todas las civilizaciones buscaron en el arte la visión simbólica de lo espiritual. A partir del Humanismo, esta función fue expulsada de las artes y se propagó la ausencia de Dios en la estética; ideas que calaron en las academias y universidades hasta la actualidad.

 

Estas pinturas de luz, agua y pigmento azul, son manifiesto visual de una experiencia humana donde lo simbólico y la revelación escatológica se entrelazan con sueños, visiones y la capacidad generadora del arte. Estas obras evidencian que la facultad divinizante del arte aún permanece, conectando al espectador con la potencia de la fe, cualidad vital y necesaria para estos momentos en que la humanidad corre el riesgo de vararse en el la oscuridad y el desánimo.

 

Andrés Ovalle H.

Viña del Mar, febrero 2021

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